Viernes, 03 de junio de 2005
Historia de Liliana de Merinita
Archivado en: Hermae AstatiPues toca el personaje mago (bueno, maga) de Mary:
...También marchita puedes florecer..........esta frase quedó grabada en mi memoria el día que le conocí.
¿Cuantas personas pueden hablar de soledad?...... ¿Cuantas pueden comprender el significado de la soledad? .........¿Y el abandono y el rechazo?...... Incluso de mis propios padres. Ellos nunca entendieron, nunca quisieron ver más allá de lo que sus ojos les permitía.
Tampoco puedo culparles por ello ya que sólo les causé problemas desde mí nacimiento, tardío y doloroso para mi madre por provocarle la pérdida de su matriz y la imposibilidad de volver a engendrar . Creo que mi padre nunca me perdonó.
Mi familia era humilde, dedicada por completo al labrado de la tierra para nuestra subsistencia y la existencia de nuestro señor .
Desde mi más tierna infancia comencé a trabajar , ayudando tanto a mi padre como a mi madre, ya que ella sufría fuertes dolores de vientre a causa del brutal parto, heridas que nunca sanaron.
En aquel mundo me encontraba sola, los pocos amigos que tenía me abandonaron cuando comencé a ver cosas. Cosas que ellos no entendían. Veía seres pequeños, correteando por el bosque, los campos. Seres maravillosos desde los ojos de una niña.
Cada vez que vislumbraba a una de esas criaturas fantásticas corría detrás de ellos, pero siempre eran más rápidos que yo, o mi padre me detenía en mi arrebato de emociones.
Mis padres nunca me creyeron y cada vez estaban más convencidos de mi locura. Todos me dieron de lado, las madres escondían a sus hijos bajo su regazo, susurraban ....pobre chica, pobre Elías....
Pero un día, en el bosque, una criatura se acercó. Sus ojos lloraban, al igual que los míos. La miré con cara de asombro y ella también se asombró. Cejé para atrás y ella también lo hizo. Sonreí y ella también. Me estaba imitando. Este extraño ser hubiera pasado desapercibido como un gato si no fuera por su aspecto humanoide. Su nombre era Po. Había encontrado a un amigo.
Los años pasaban y mi madre empeoraba, hasta el punto de fallecer entre horribles gritos de agonía y desasosiego por mi padre.
El día después del funeral mi padre me echó de casa. No puse ninguna resistencia, cogí mi pequeña manta , un poco de pan y queso y me dirigí al bosque.
Dos días permanecí allí, observando a mi padre cómo quemaba todas mis pertenencias.
Dos días viendo cómo mi padre degeneraba, dos días hasta que él me encontró.
Sus ojos azules sonrientes, su luz en el rostro y ese olor inconfundible a flor de almendro. Alto, parecía que era capaz de ocultar o dejar ver el sol a su antojo. Sus cabellos castaño oscuro eran mecidos por el viento que peleaba por cada mechón de su pelo. Él era el amo de Po, o eso pensé cuando mi pequeña amiga se abalanzó sobre el misterioso caballero para acurrucarse en sus brazos. Creo que ha sido la única vez que he sentido celos de Po. Me ofreció su mano, cálida y fraternal , que acogí con gusto. Su nombre era Gabriel, mi maestro de la casa Merenita. Desde aquel día comenzó mi instrucción en tan noble casa. Gabriel me enseñó a leer, escribir y todo (o eso quiero creer) sobre los seres feéricos. Pero sus enseñanzas no se reducían a ese campo. También me habló de la casa Merinita, de su historia y de las demás ordenes herméticas. Me habló de Quendalos , de las guerras y de los humanos.
Da igual que sean sodalis o humanos vulgares, ellos nunca nos entenderán, nunca comprenderán los que estos seres significan porque sólo se preocupan de ellos mismo. Un sodalis Merenita, según su entendimiento, sólo es alguien que pasa su tiempo perdiéndolo en el bosque tumbado en la hierba, mirando las nubes. No esperes comprensión por su parte porque no te la darán Cada vez que pronunciaba esas palabras se me cogía un nudo en el estómago. Mi maestro siempre tubo algo especial, y no por ser quien era, algo le envolvía, al igual que a Po. Pero nunca logré descubrirlo.
Años más tarde mi maestro se enfrascó en un proyecto y sus largas charlas conmigo disminuyeron. Nunca supe con certeza la naturaleza de sus investigaciones, siempre decía que el día idóneo coincidía con el del mi nombramiento como maga hermética, que ese día se marcharía al lugar de donde provino Quendalos y si alguna vez regresaba sus conocimientos serían infinitos.
Gabriel planeaba viajar a alguna dimensión feérica, modificando conjuros existentes, creando otros nuevos, comunicándose con almas fallecidas,.... pero todo eran fracasos. El día de mi nombramiento se aproximaba y debía de partir para tal evento. Sinceramente nunca quise que llegara este día porque supondría alejarme de Gabriel y de todo lo que él significaba para mí. Pero era inevitable. La despedida fue muy dura por mi parte, estaba dispuesta a mostrarle mis sentimientos, pero él me frenó, me abrazó y me susurró al oído: Volveré a buscarte, te lo prometo Con un beso en la frente se alejó hacia su Sancta Sanctorum y no volví a saber nada más de él.
Con lágrimas en los ojos me fui para cumplir con mi destino. Largo tiempo ha transcurrido ya y muchas cosas han acaecido, pero no hay ni un solo momento en el que no piense en Gabriel. Sobre todo en estos momentos, en mi nueva alianza. Mi maestro tenía razón en todo. Siempre estaremos solos en los que a humanos se refieren. Por mucho que utilicemos nuestras habilidades y conocimientos, siempre seremos rechazados y odiados. Nunca nos entenderán. Nunca comprenderán que los más parecido que he podido tener como hermano y familia seas tú, Po.
A veces vuelvo a ir al bosque a llorar, con la esperanza de que esta vez seas tú quien escuche los sollozos.
Escrito por Lord Taran El 06/03 a las 12:56
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